sábado, 7 de noviembre de 2009

VI Un alumno de Lisa.



Yo, que a veces solo soy Francisco Pelegrin, estuve quince años a su lado, él, hace ya un cuarto de siglo que dejó este mundo, sin embargo, sigue siendo mi maestro.

Corría el año 1.956, respondiendo a la insistente invitación de mi amigo Miguel Berarldi fui a conocer la “Escuela de Arte Moderno las Cuatro Dimensiones”. Como era un amigo muy entusiasta y su apasionamiento lo hacía caer en fantasías y excesos, lo acompañé con cierto recelo, pero me llevé una sorpresa, no solo no había sido exagerado, sino que no me había contado todo lo que iba a encontrar allí. Esa Escuela de Arte era un Instituto educativo que, a cambio de dedicación y perseverancia ofrecía a los alumnos que llegaban una educación estética completa. Allí se daban charlas orientadoras y clases de dibujo, pintura y filosofía. Estaban a cargo del director del establecimiento, profesor E. Lisa, cuya mayor obsesión era la búsqueda de un nexo entre la filosofía y el arte.

Ya el primer día quedé deslumbrado; su estilo era algo único, tan distinto a todo lo conocido que quedé atrapado. Había ido a curiosear, solo un momento y me quedé junto al maestro quince años. A esa época, y por su influencia filosófica pertenecen éstas obras: “El hombre y sus posibles desarrollos”, “Adán”, “El hombre y su condición sexuada”, “Ser y Tiempo”, que es un estudio de la interpretación hecha por Alfhonse De Waelens de la obra cumbre de Heideger. Así mismo, también escribí “La realidad y los sueños en la Teoría de la Cosmovisión” que es un investigación de la apasionante teoría de Lisa.

Al empezar el nuevo siglo, sin dejar la Fundación a la que sigo y por vida seguiré ligado, dejé de escribir ensayos y abandoné la pintura para dedicar todo mi tiempo a leer literatura y a escribir cuentos y novelas.


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